Cruce de los Andes a caballo: una aventura que cambia la forma de mirar el mundo

El silencio es lo primero que sorprende.  No es la ausencia de ruido, sino algo mucho más profundo. Un silencio inmenso que parece ocuparlo todo. El viento apenas se mueve entre las montañas mientras los caballos avanzan despacio. El aire es puro, limpio, y diría que casi imposible de comparar con cualquier otro lugar.

No hay carreteras, ni edificios, ni cobertura telefónica. Solo montaña.

Y en ese momento, las preocupaciones cotidianas empiezan a perder importancia y los horarios dejan de existir. El tiempo comienza a medirse de otra manera: por la salida del sol, por el ritmo de los caballos, por la distancia hasta el próximo campamento.

Así comienza una de las experiencias más extraordinarias que pueden vivirse en América: el Cruce de los Andes a caballo.

Mucho más que una cabalgata por la Cordillera de los Andes

Hay experiencias que transforman la forma en que los viajeros se relacionan con el mundo, y el Cruce de los Andes es una de ellas.

Durante nueve días, la montaña se convierte en hogar. Los viajeros recorren algunos de los paisajes más remotos de Argentina, atravesando ríos de aguas cristalinas, senderos de altura, valles inmensos y rincones donde la naturaleza sigue siendo la única protagonista.

La idea original de esta travesía nace de los caminos que recorrió el General José de San Martín al atravesar la cordillera hace más de dos siglos. Sin embargo, basta pasar unas horas en la montaña para comprender que aquí el verdadero protagonista no es la historia, sino la experiencia de recorrer algunos de los territorios más remotos y espectaculares de Argentina.

La Cordillera de los Andes aparece aquí en su estado más puro y salvaje. Solo están los caballos, los baqueanos y una sucesión de paisajes que parecen extenderse hasta el infinito. Es precisamente esa desconexión del mundo moderno la que convierte esta travesía en algo tan especial.

Una experiencia que conocemos en primera persona

En SURI creemos que las mejores recomendaciones nacen de la experiencia, y por eso esta travesía ocupa un lugar especial dentro de los viajes que diseñamos y recomendamos.

Eva y Pedro, fundadores de Suri, vivieron esta experiencia en carne propia y conocen cada etapa del recorrido, cada campamento y cada uno de esos momentos que terminan convirtiéndose en recuerdos imborrables. Desde aquel momento llevan más de diez años organizando y acompañando grupos que desean descubrir la Cordillera de los Andes desde una perspectiva completamente diferente.


“A lo largo de estos años hemos visto participar a viajeros individuales, grupos de amigos, familias, empresarios, equipos directivos y compañías que buscan experiencias de incentivo capaces de generar recuerdos compartidos para toda la vida. Y existe algo que se repite en todos ellos: nadie vuelve siendo exactamente la misma persona que partió”, aseguraron.

Cómo es el Cruce de los Andes a caballo

La aventura comienza en Barreal, una pequeña localidad de la provincia de San Juan, al pie de la cordillera. La primera noche permite comenzar a adaptarse al entorno y anticipar lo que está por venir.

A la mañana siguiente, las camionetas 4×4 llevan al grupo hasta el punto de partida de la expedición. Allí esperan los baqueanos que acompañarán al grupo durante toda la travesía.

Después de una breve introducción, llega uno de esos momentos que permanecen grabados en la memoria:

El pie entra en el estribo.
La montura cruje suavemente.
Y comienza el viaje.

Durante los días siguientes, los viajeros avanzan entre montañas gigantescas, cruzan ríos alimentados por el deshielo y recorren senderos utilizados desde hace generaciones por quienes conocen la cordillera como nadie.

La ruta atraviesa lugares tan espectaculares como Los Manantiales, Río Las Leñas, Vegas de Gallardo, Valle Hermoso y el Hito Internacional, recorriendo valles interminables, cruzando ríos y alcanzando algunos de los paisajes más impresionantes de la región andina. Poco a poco, la rutina desaparece, y es la montaña la que ocupa todo el espacio.

El Peñón del Espinacito: uno de los grandes momentos del viaje

Hay muchos momentos memorables durante la travesía, pero existe uno que suele repetirse en las conversaciones de quienes regresan: el ascenso al Peñón del Espinacito.

La altura comienza a sentirse, el aire se vuelve más fino y el paisaje adquiere una dimensión difícil de imaginar para quienes nunca han estado en la alta montaña. Y entonces el horizonte se abre.

Desde más de 4.500 metros de altura, el Valle de los Patos se despliega bajo la mirada de los viajeros mientras, a la distancia, emerge la figura imponente del Aconcagua. Es uno de esos lugares donde las palabras resultan insuficientes y donde nadie tiene demasiada prisa por continuar.

“Como solemos decir durante la expedición: Hay lugares que te recuerdan lo pequeño que eres. Y precisamente por eso te hacen sentir más vivo que nunca”.

Muchos viajeros aseguran que ese instante, contemplando el Valle de los Patos desde las alturas, justifica por sí solo todo el viaje.


Dormir bajo las estrellas de los Andes

Cuando cae la noche, la experiencia adquiere una dimensión completamente diferente. Lejos de cualquier ciudad, de cualquier carretera y de cualquier contaminación lumínica, el cielo revela una cantidad de estrellas que posiblemente quienes están allí por primera vez no hayan visto antes.

Las conversaciones alrededor del fuego se extienden mientras la temperatura desciende lentamente y la montaña recupera el silencio que la caracteriza. Al día siguiente, el amanecer llega acompañado por el sonido de los caballos, el sabor del café y una luz que transforma completamente el paisaje. Y por su simpleza, se trata de momentos sumamente extraordinarios.

¿Hace falta experiencia ecuestre para realizar la travesía?

Esa es una de las preguntas más habituales, y la respuesta es no. No hace falta ninguna experiencia ni preparación especial. Los caballos están acostumbrados a este tipo de expediciones y los baqueanos acompañan constantemente al grupo, ofreciendo instrucciones y asistencia cuando es necesario.

Más que experiencia ecuestre, lo importante es contar con espíritu aventurero, una condición física razonable y ganas de vivir una experiencia diferente. Porque el verdadero desafío no consiste en montar a caballo, sino en dejar atrás la comodidad cotidiana para descubrir una forma completamente distinta de viajar.

Foto de @exploraparques

Un viaje que permanece para siempre

Existen muchas formas de conocer Argentina, pero pocas experiencias ofrecen la posibilidad de atravesar la Cordillera de los Andes a caballo, compartir días enteros en plena naturaleza, contemplar algunos de los paisajes más espectaculares del continente y sentir, aunque sea por unos días, que el mundo vuelve a moverse a un ritmo diferente.

Quizás por eso quienes realizan esta travesía suelen coincidir en algo: no solo recuerdan los lugares que conocieron, recuerdan las sensaciones. El aire puro de la montaña, el sonido de los cascos sobre la piedra, las noches bajo las estrellas, la inmensidad y la libertad.

El Cruce de los Andes es uno de esos viajes que quedan para siempre en la memoria y es una experiencia que sin dudas merece ser vivida. 

Más información eva@suri-travel.com / +34 615 35 60 48

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