Tras las huellas de Zimbabue: una forma diferente de vivir el safari

El vehículo se detiene y el motor se apaga. De pronto, desaparece esa distancia que parecía separar a los viajeros del paisaje. Ya no hay puertas ni una carrocería elevada desde la que observar la vida salvaje. Solo tierra bajo las botas, el sonido del viento entre la vegetación y un guía que pide al grupo avanzar en fila y guardar silencio.

A unos metros, las huellas empiezan a contar lo que ocurrió antes de nuestra llegada. El guía observa su forma y profundidad, comprueba la dirección del viento y señala marcas que resultarían invisibles para unos ojos menos entrenados. Cada indicio permite comprender qué animales han pasado por allí y cuánto tiempo ha transcurrido desde entonces.
El corazón late un poco más rápido. En algún punto del recorrido pueden aparecer elefantes, antílopes o incluso leones. Esta vez no contemplaremos la escena desde un vehículo: vamos a entrar en ella caminando.

Así comienza un walking safari en Zimbabue.


Zimbabue, un destino de safari que merece mayor atención

Cuando pensamos en un safari por tierra, la primera imagen suele ser la de un vehículo 4×4 avanzando entre la sabana. Es una de las maneras más habituales y confortables de observar animales en libertad, pero está lejos de ser la única.
En África, la vida salvaje también se descubre desde el agua, desde el aire y a pie. Cada perspectiva modifica por completo la experiencia: cambia lo que vemos, la distancia desde la que lo observamos y, sobre todo, nuestra manera de relacionarnos con el entorno.
Zimbabue permite vivir todas esas versiones del safari en un mismo viaje.

Marisela visitó el país durante diez días, combinando Mana Pools y el Parque Nacional Hwange. Ya había participado en safaris en otros destinos africanos, pero la cantidad de animales reunidos en un mismo lugar consiguió sorprenderla. “En un momento vimos una manada de dieciséis leones. Al atardecer nos acercamos a un punto de agua y había cuarenta y tres elefantes juntos. Había visto muchos animales en otros viajes, pero nunca tantos a la vez”, recordó.
A los grandes avistamientos se sumaron perros salvajes africanos, hienas, hipopótamos, cocodrilos, jirafas, cebras, facóqueros, diferentes especies de antílopes y aves de tantos colores que Marisela asegura no haber visto antes ni siquiera en fotografías.

La experiencia confirmó algo que ya intuía antes de llegar: Zimbabue conserva una naturaleza poderosa, con paisajes poco intervenidos y parques de enormes dimensiones. Sin embargo, hubo otros aspectos que no esperaba. “Los campamentos superaron mis expectativas. Me encontré con alojamientos preciosos, gente muy amable y una comida realmente deliciosa”.


Walking safari en Zimbabue: entrar en el paisaje caminando

Marisela había realizado safaris en vehículos 4×4 y también el trekking para observar gorilas de montaña en Uganda. Nunca había hecho un safari a pie, y era una idea que le provocaba bastante temor. “Era algo que me daba muchísimo miedo, pero me encantó la experiencia”.
Un walking safari no consiste simplemente en abandonar el vehículo y salir a buscar animales, sino que se trata de una actividad cuidadosamente dirigida, con normas precisas y un objetivo que va mucho más allá de acercarse a la fauna.
Los participantes avanzan juntos y en fila, visten colores discretos y mantienen el silencio. El grupo nunca se separa y cada movimiento sigue las indicaciones del guía. Antes de comenzar se realiza una charla de seguridad en la que se explica cómo actuar ante diferentes situaciones y por qué es indispensable evitar cualquier reacción impulsiva. Correr no es una opción. Tampoco lo es adelantarse o alejarse para conseguir una fotografía.

El guía lee el terreno mientras camina. Sigue huellas, escucha llamadas de alarma y comprueba la dirección del viento. Conoce los puntos donde descansan determinados animales y las rutas que suelen utilizar para desplazarse.
Marisela recordó que durante una de las salidas, el grupo caminó hacia una formación rocosa frecuentada por leones. No existía la certeza de encontrarlos, pero esa incertidumbre es parte esencial de la experiencia: la naturaleza no sigue un itinerario ni garantiza avistamientos.
Pero incluso cuando un animal no aparece, el paisaje revela una sucesión de historias… Una rama quebrada, la marca de una pisada o el sonido repentino de las aves pueden indicar que algo se está moviendo cerca.
El safari deja de ser únicamente visual. Se escucha, se huele y se siente en todo el cuerpo.

Los guías de Zimbabue: conocimiento, seguridad y años de formación

La tranquilidad de caminar en un entorno habitado por grandes animales nace, en gran medida, de la preparación de los guías.
Zimbabue posee uno de los procesos de formación y habilitación profesional más exigentes de África. Los aspirantes deben superar diferentes instancias teóricas y prácticas, adquirir experiencia en el terreno y demostrar conocimientos sobre comportamiento animal, botánica, rastreo, primeros auxilios, legislación y seguridad antes de obtener su licencia profesional.
La autoridad encargada de expedir estas licencias es Zimbabwe Parks and Wildlife Management Authority, y la evaluación incluye exámenes específicos para quienes conducen actividades en espacios naturales.

Para Marisela, la profesionalidad de los guías fue uno de los aspectos más memorables del viaje. “Sabían muchísimo y conseguían que aprendiéramos durante todo el recorrido. Nos explicaban el comportamiento de los animales y cómo debíamos reaccionar. Además, eran muy cercanos. Para mí, fueron un diez”.
Esa formación permite que la cercanía no se convierta en imprudencia. La experiencia se construye respetando las distancias, interpretando las señales y comprendiendo que las personas son visitantes dentro del territorio de los animales.
Estar a pie cerca de un león acelera inevitablemente el pulso. Sin embargo, la emoción no procede de asumir un riesgo innecesario, sino de sentirse completamente presente y acompañado por alguien capaz de leer lo que sucede alrededor.

Mana Pools: elefantes, canoas y safaris junto al Zambeze

En el norte de Zimbabue, junto al río Zambeze, Mana Pools protege un paisaje de llanuras inundables, bosques y grandes extensiones de agua.
El parque forma parte del sitio declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO junto con las áreas de safari de Sapi y Chewore. Durante la estación seca concentra importantes poblaciones de elefantes, búfalos, cebras y antílopes, seguidas por depredadores como leones y hienas. También es territorio de perros salvajes africanos, hipopótamos, cocodrilos y centenares de especies de aves.

Mana Pools es conocido, además, por una escena extraordinaria: algunos elefantes han aprendido a levantarse sobre sus patas traseras para alcanzar las vainas y hojas de los árboles para alimentarse. Primero elevan la trompa; si el alimento continúa demasiado alto, apoyan sus patas delanteras sobre el tronco o levantan todo el cuerpo durante unos segundos.
Marisela había visto imágenes antes del viaje, pero presenciarlo en directo fue muy diferente: “vimos un elefante que se paró sobre dos patas y se sujetó al tronco. Es increíble observar cómo los animales adaptan su comportamiento al lugar en el que viven”.
La escena se ha convertido en una de las imágenes más características de Mana Pools, aunque nunca puede programarse. Hay que esperar, observar y confiar en que alguno de esos grandes elefantes decida repetir el movimiento.

En Mana Pools, Marisela también vivió su primer safari en canoa. Después de caminar por la mañana, cambió las botas por una embarcación y contempló el paisaje desde el agua.
En esta experiencia la perspectiva vuelve a transformarse… El movimiento es pausado, el río conduce la ruta y los animales aparecen en las orillas: elefantes que se acercan a beber, aves que sobrevuelan la superficie y grupos de hipopótamos que obligan a mantener siempre una distancia respetuosa.
En un solo día, Zimbabue le había permitido descubrir dos formas de safari que nunca había experimentado.

Hwange: encuentros extraordinarios alrededor del agua

El viaje continuó en el Parque Nacional Hwange, el más extenso de Zimbabue. Sus paisajes combinan sabanas, bosques de teca y zonas semiáridas donde los puntos de agua adquieren un protagonismo absoluto. Al caer la tarde, los animales comienzan a reunirse a su alrededor.
Fue en uno de esos momentos cuando Marisela contó cuarenta y tres elefantes compartiendo el mismo espacio. Adultos, jóvenes y crías avanzaban hacia el agua, bebían y se relacionaban dentro de una escena tan amplia que resultaba difícil decidir hacia dónde mirar.
También encontró grupos numerosos de leones. Algunos descansaban juntos; otros observaban mientras los cachorros exploraban el terreno y aprendían a desenvolverse dentro de la manada. “La cantidad de animales era impresionante. Zimbabue fue diferente de los otros safaris que había realizado y me alegra muchísimo haberlo vivido”.

Mana Pools y Hwange muestran dos caras distintas del país. Cambian los paisajes, las temperaturas, las actividades y la forma en la que se mueve la fauna, y combinarlos permite que el viaje mantenga la capacidad de sorprender incluso después de varios días de safari.

Campamentos que siguen el ritmo de las estaciones

En determinadas zonas de Zimbabue, las lluvias transforman por completo el territorio. Algunos caminos dejan de ser transitables y ciertas áreas se inundan, por lo que existen campamentos estacionales que se desmontan cuando termina la temporada.
Las estructuras se retiran y el paisaje queda prácticamente libre de rastros. Cuando las condiciones vuelven a ser adecuadas, el campamento se instala de nuevo.

Esta forma de alojamiento reduce la presencia permanente sobre entornos especialmente sensibles y permite dormir en lugares remotos sin renunciar a las comodidades esenciales.
Otros alojamientos son permanentes y ofrecen una propuesta más amplia, pero todos comparten un rasgo fundamental: la naturaleza nunca queda fuera.

Los elefantes pueden atravesar las inmediaciones mientras se sirve el almuerzo, una hiena puede aparecer cerca del campamento cuando cae la noche, y por ese motivo los desplazamientos se realizan siguiendo las instrucciones del equipo y, después de oscurecer, siempre acompañados.
No se trata de visitar la naturaleza durante unas horas y regresar después a un mundo separado. En Zimbabue, se duerme dentro de ella.

Sundowners, almuerzos en el bush y una hospitalidad atenta

El safari también se construye en los momentos de pausa… Después de una tarde de avistamientos, una mesa espera en un punto elegido para contemplar la puesta de sol. Las bebidas están frías, el paisaje se tiñe de dorado y la conversación repasa todo lo ocurrido durante el día.
Marisela no bebía alcohol durante el viaje y en lugar de ofrecerle una alternativa improvisada, el equipo preparaba mocktails especialmente pensados para ella. También recordaron sus preferencias gastronómicas y adaptaron los platos durante un almuerzo servido en plena naturaleza: “se esmeraban para que tuviera opciones y disfrutara igual que el resto. Ese nivel de atención me encantó”.

La gastronomía, los almuerzos en el bush y los sundowners no funcionan como elementos aislados, sino que prolongan la experiencia del safari y permiten disfrutar del paisaje cuando ya no se está buscando el próximo avistamiento.
Marisela también destaca la calidez de las personas que encontró durante el recorrido. “Me sentí muy cómoda y muy bien recibida. Es un destino auténtico, con un servicio excelente y gente realmente feliz de recibir visitantes”.

Cataratas Victoria: el otro gran espectáculo de Zimbabue

Después de recorrer Mana Pools y Hwange, el viaje puede continuar hacia las Cataratas Victoria, un lugar donde el sonido del agua se escucha antes de contemplarlas. Después aparece la nube de vapor que se eleva desde la garganta y, finalmente, la inmensa cortina de agua cayendo con una fuerza difícil de dimensionar desde una fotografía.
Los senderos permiten observarlas desde diferentes puntos, aunque el paisaje revela toda su magnitud desde el aire. Un vuelo en helicóptero muestra el curso del Zambeze, la fractura del terreno y las gargantas por las que continúa avanzando el río.
La estancia también puede incluir navegación, actividades acuáticas o simplemente tiempo para contemplar uno de los escenarios naturales más impresionantes del continente.

Para Marisela, la combinación resultaba evidente: Mana Pools, Hwange y Cataratas Victoria reúnen distintas expresiones de Zimbabue dentro de un mismo recorrido.


Viajar a Zimbabue con Suri

Para Marisela, Zimbabue terminó siendo mucho más que un nuevo destino de safari.
Fue caminar por primera vez entre animales salvajes, aprender a interpretar las señales del terreno, navegar en canoa por Mana Pools y observar una concentración de vida salvaje que no había encontrado en viajes anteriores. También fueron los campamentos, la gastronomía y la atención de equipos capaces de recordar cada preferencia.
“Es un destino muy puro y auténtico. La cantidad de animales que se ve es impresionante y la experiencia resulta muy emocionante. Zimbabue no decepciona”, aseguró.

En Suri conocemos Zimbabue desde la experiencia de haberlo recorrido. Podemos diseñar un viaje que combine Mana Pools, Hwange y Cataratas Victoria, seleccionando los campamentos, las actividades y el momento del año más adecuados para cada viajero.
El 4×4 seguirá siendo parte del viaje. Pero quizá el recuerdo más intenso llegue exactamente en el momento de abandonarlo, apoyar los pies sobre la tierra y comenzar a caminar.

 

Diseñemos tu viaje a Zimbabue

Cuéntanos cómo imaginas esta experiencia y empezaremos a darle forma contigo


Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Puedes conocer más sobre nuestra política de cookies haciendo click aquí.