Imagina despertar, acercarte a la ventana y descubrir que la vida salvaje también comienza su día junto a tu habitación. La primera luz tiñe los pastizales de naranja mientras los carpinchos avanzan sin prisa, los venados de las pampas se recortan sobre el horizonte y algún ñandú atraviesa la escena con sus pasos largos. Más lejos puede aparecer un zorro, un oso hormiguero gigante o la silueta de un ciervo descansando sobre el césped.
No estás en África. Tampoco has tenido que subir a un vehículo para que comience el safari. Estás en Rincón del Socorro, dentro del Parque Nacional Iberá, en la provincia argentina de Corrientes.
Aquí, la habitación puede convertirse en el primer mirador del día. Basta abrir las cortinas para comprender que los animales no ocupan un rincón apartado de la experiencia: están alrededor, moviéndose en libertad por un territorio que lentamente recupera la diversidad que tuvo en el pasado.
A pocos metros esperan el desayuno, el aroma del café y un equipo que conoce cada sonido del monte. Afuera, la naturaleza es la protagonista indiscutida. Adentro, el descanso, la gastronomía y una hospitalidad cercana acompañan una experiencia difícil de encasillar.
Porque sí: esto también es un safari. Y sucede en Argentina.
Rincón del Socorro: despertar en los Esteros del Iberá
Los Esteros del Iberá están formados por lagunas, pastizales, montes, esteros y zonas de espinal que cambian constantemente el paisaje. El agua ocupa buena parte del territorio, pero nunca se presenta de la misma manera. Puede aparecer como un espejo entre la vegetación, esconderse bajo los camalotes o reflejar un cielo inmenso durante el atardecer.
Rita Cammisi, representante de Rewilding Experience, conoce profundamente este lugar. Durante su paso por Madrid participó en Conversaciones Suri, el espacio en el que hablamos de los destinos más allá de sus itinerarios. En esta ocasión, la conversación tuvo como protagonistas al turismo de naturaleza, la conservación y una de las recuperaciones ambientales más extraordinarias de Argentina.
Rita comenzó a trabajar en Rincón del Socorro en 2017. Vio crecer el proyecto, acompañó a viajeros de distintas partes del mundo y presenció algo que entonces parecía muy lejano: el regreso de animales que habían desaparecido de Corrientes.
Su manera de explicar el rewilding es sencilla: imagina un rompecabezas al que, con el paso del tiempo, le fueron quitando piezas esenciales. La imagen todavía existe, pero está incompleta. El trabajo consiste en recuperar esas piezas y devolver a cada especie el lugar que ocupaba dentro del ecosistema.
La historia que cambió el futuro del Iberá
La transformación del Iberá está profundamente vinculada a Douglas y Kristine Tompkins. Después de desarrollar importantes carreras empresariales, ambos decidieron dedicar su vida y sus recursos a la conservación de grandes territorios naturales de Sudamérica.
A través de Tompkins Conservation adquirieron tierras amenazadas por posibles usos extractivos para restaurarlas y, posteriormente, donarlas a los Estados con el compromiso de convertirlas en áreas protegidas. El trabajo comenzó en Chile y continuó en Argentina, donde contribuyó a la creación y ampliación de distintos parques nacionales.
A finales de la década de 1990 llegaron a Corrientes y comprendieron que allí proteger la tierra ya no era suficiente. Décadas de caza, ganadería y transformación del ambiente habían provocado una fuerte disminución de la fauna. Algunos animales se habían vuelto escasos; otros habían desaparecido por completo. Rita recuerda la expresión con la que se describía entonces el paisaje: era un gran escenario, pero se había quedado sin sus actores.
Tompkins Conservation y Fundación Rewilding Argentina adquirieron antiguas estancias ganaderas y reunieron alrededor de 158.000 hectáreas de ambientes naturales. Esas tierras contribuyeron a la creación del Parque Nacional Iberá, mientras comenzaba una tarea todavía más compleja: recuperar las especies ausentes y reconstruir las relaciones naturales entre ellas.
Así comenzó uno de los proyectos de reintroducción de fauna más ambiciosos de Sudamérica.
Rewilding en Iberá: recuperar las piezas del ecosistema
El oso hormiguero gigante fue una de las primeras especies reintroducidas. Después llegaron el venado de las pampas, el pecarí de collar, el guacamayo rojo, el muitú y la nutria gigante. Cada regreso recuperó una función: dispersar semillas, controlar poblaciones, modificar la vegetación o restablecer relaciones que habían desaparecido.
Pero el proyecto más emblemático fue el del yaguareté.
El mayor felino de América llevaba aproximadamente setenta años extinto en Corrientes. En 2012 comenzó a funcionar en Iberá el Centro de Reintroducción de Yaguareté, donde se trabajó con ejemplares procedentes de zoológicos para formar una nueva población capaz de regresar a la vida silvestre.
Rita visitó el centro cuando el proyecto estaba dando sus primeros pasos. Recuerda haber observado aquellos animales y pensar que el desafío parecía enorme.
“Los vi y dije: ‘Estamos un poco complicados. Va a estar difícil’”.
Pero en 2018 nacieron los primeros cachorros; más tarde comenzaron las liberaciones y, con ellas, algo todavía más importante: los yaguaretés empezaron a reproducirse en libertad.
Años más tarde, una cámara trampa registró uno dentro de Rincón del Socorro y más recientemente, algunos huéspedes tuvieron la fortuna de verlo con sus propios ojos.
“A mí me vuela la cabeza decir que ahora hay yaguaretés nuevamente en Iberá”, expresó con orgullo.
Encontrarse con uno continúa siendo excepcional y esa incertidumbre forma parte de cualquier avistamiento verdaderamente salvaje. Saber que el yaguareté ha vuelto a caminar por estos pastizales, después de décadas de ausencia, cambia por completo la forma de mirar el paisaje.
Safari en Argentina: descubrir la fauna del Iberá
La palabra safari suele trasladar la imaginación hacia África; a las llanuras, las jirafas, los elefantes y los grandes felinos. Sin embargo, un safari no depende de un continente ni de una lista determinada de animales. Es una manera de internarse en un ecosistema para observar la fauna en libertad, comprender su comportamiento y aprender a leer las señales de la naturaleza.
Eso es exactamente lo que ocurre en Rincón del Socorro.
Los safaris se realizan en grupos reducidos y se adaptan al ritmo de los animales. Durante el invierno, cuando buscan las horas más cálidas, las salidas pueden extenderse a lo largo del día. En verano comienzan temprano y regresan al paisaje cuando desciende la temperatura. “Nosotros somos invitados ahí”, explica Rita. “Adaptamos nuestra actividad a la fauna”.
El guía ayuda a descubrir detalles que podrían pasar inadvertidos: una huella reciente, el movimiento de un ave entre los juncos, el motivo por el que un animal elige determinado ambiente o la función que cumple dentro del ecosistema.
Cada salida explora una faceta diferente del Iberá. El monte puede conducir al encuentro con los monos carayá; los pastizales son territorio de venados, ñandúes y zorros; cerca del agua aparecen yacarés, carpinchos y ciervos de los pantanos y sobre todos ellos vuelan cientos de especies de aves.
Rita cuenta que, cuando comenzó a trabajar allí, muchas de esas aves le parecían iguales, pero después empezó a prestar atención a sus colores, formas y cantos. Así, el avistamiento terminó convirtiéndose en una especie de búsqueda personal. “Es una locura la cantidad que hay”, aseguró.
Cabalgatas, atardeceres y safaris nocturnos
En Rincón del Socorro, las experiencias se construyen a partir del paisaje.
Una cabalgata puede comenzar atravesando los pastizales y llegar, justo al caer el sol, hasta la costa del estero: esa franja sutil donde termina la tierra firme y comienza el dominio del agua.
La luz cambia rápidamente y el cielo se vuelve dorado, naranja y violeta. Entonces aparece una mesa preparada para disfrutar de algo para beber mientras el sol desaparece detrás del humedal.
Después, cuando el campo queda a oscuras, comienza el safari nocturno.
Los sonidos se vuelven más precisos y la linterna recorre la vegetación en busca del reflejo de unos ojos. El mismo camino transitado durante el día parece convertirse en otro territorio. Animales que habían permanecido ocultos comienzan a moverse y el silencio obliga a prestar atención.
Rita prefiere no contar todas las sorpresas, y es precisamente porque parte del encanto consiste en llegar sin saber exactamente qué sucederá.
También es posible salir a pie, recorrer el entorno en bicicleta, navegar, observar aves o detenerse junto a la piscina y dejar que sean los animales los que se acerquen.
“Te sientas y simplemente ves los animales caminar de un lado para otro, o escuchas las cotorras. Es muy lindo”.
Turismo consciente: viajar para que la naturaleza regrese
Rewilding Experience es una empresa social que destina las ganancias generadas por sus alojamientos y experiencias a Fundación Rewilding Argentina. De esta manera, cada estancia contribuye a sostener los proyectos de restauración de ecosistemas y recuperación de especies.
El viaje adquiere así una dimensión diferente: quien visita Rincón del Socorro no se limita a contemplar el resultado de la conservación: ayuda a que el trabajo continúe.
Al llegar, los huéspedes conocen la historia del territorio, las especies que han regresado y los proyectos que siguen en marcha. La intención no es impartir una lección, sino permitir que cada encuentro tenga un significado más profundo.
Ver un oso hormiguero deja de ser únicamente un avistamiento emocionante cuando se comprende que, años atrás, había desaparecido de Corrientes. Observar un guacamayo rojo volando sobre el Iberá significa presenciar el regreso de una especie que permaneció ausente de la región durante generaciones.
“Puedes tener unas excelentes vacaciones, estar en contacto con la naturaleza y hacer que tengan un fin más grande”, resume Rita.
El turismo se convierte así en una herramienta concreta. Financia la conservación, crea empleo, fortalece la economía local y demuestra que un animal vivo puede generar oportunidades duraderas para las comunidades que comparten el territorio con él.
De cazadores a guardianes de la fauna
La recuperación del Iberá también necesitó transformar la relación entre las personas y la naturaleza.
Durante mucho tiempo, la caza y el comercio de cueros formaron parte de la economía de algunas comunidades de la región. Cuando Iberá fue declarado reserva y la actividad quedó prohibida, muchas familias tuvieron que encontrar nuevas formas de vida.
Y el turismo de naturaleza abrió ese camino.
Quienes conocían como nadie el comportamiento de los animales, los cursos de agua y los secretos del monte pudieron convertir ese conocimiento en una profesión. Antiguos cazadores pasaron a trabajar como guardaparques, guías y protectores del territorio.
La fauna comenzó a producir ingresos a través de los alojamientos, las excursiones, la gastronomía, el transporte y los demás servicios vinculados a la llegada de viajeros. Poco a poco, las comunidades se apropiaron del proyecto.
El regreso del yaguareté supuso un reto todavía mayor. Recuperar al depredador principal del ecosistema implicaba vencer temores y explicar por qué su presencia resulta imprescindible. Hoy, según cuenta Rita, los correntinos lo sienten como propio y se han convertido en sus principales defensores: “están muy orgullosos”.
Probablemente ese orgullo sea uno de los triunfos más importantes del proyecto. La conservación deja de depender exclusivamente de una institución cuando quienes viven junto al territorio deciden protegerlo.
Una experiencia diseñada alrededor de cada viajero
Las actividades en Rincón del Socorro se adaptan a las personas que llegan. Las familias pueden salir a buscar huellas, reconocer plumas y chapotear en el barro con los más pequeños. Las parejas encuentran momentos íntimos entre cabalgatas, cenas y salidas nocturnas. Los aficionados a las aves pueden dedicar horas a identificar especies junto a guías especializados. Y también se puede elegir no hacer nada.
Sentarse bajo la sombra, leer junto a la piscina y observar el paso de los animales es otra manera de conocer el Iberá. En un entorno así, la quietud nunca significa que no esté ocurriendo nada.
Las estancias de los viajeros suelen extenderse durante tres o cuatro noches. Ese tiempo permite descubrir distintos ambientes y también crea una relación especial entre los huéspedes y el equipo.
La gastronomía acompaña esos momentos con sabores ligados al territorio y mesas preparadas en escenarios inesperados. El cuidado aparece en los detalles, pero nunca intenta imponerse sobre el paisaje.
Rita lo resume de una manera muy sencilla: conectar con la naturaleza, dejarse sorprender y sentirse bien atendido.
Rewilding Experience más allá del Iberá
El trabajo de Rewilding Experience se extiende hacia otros territorios de Argentina donde Fundación Rewilding Argentina desarrolla proyectos de restauración y conservación.
En el Parque Nacional El Impenetrable, en la provincia del Chaco, opera dos glampings rodeados de naturaleza: Glamping El Bermejito y Glamping Los Palmares. La experiencia permite recorrer uno de los territorios más remotos del norte argentino y conocer la fauna del bosque chaqueño.
Más al sur, en Patagonia Azul, frente a la costa de Chubut, se encuentran Isla Leones Camp y Marisma Camp. Dos propuestas desde las que descubrir la inmensidad del paisaje patagónico y su extraordinaria vida marina.
Rewilding Experience también cuenta con Estancia Iberá, otra de sus propiedades dentro de los Esteros del Iberá. Cada alojamiento responde al entorno que lo rodea, pero todos comparten un mismo propósito: convertir el turismo de naturaleza en una herramienta concreta para sostener la recuperación de los ecosistemas.
Rincón del Socorro y el verdadero privilegio de desconectar
Al final de la conversación, Rita recibió una pregunta que forma parte de cada episodio de Conversaciones Suri: qué significa para ella el lujo.
Su respuesta no habló de objetos ni de grandes gestos: “para mí el lujo es estar en un ambiente tranquilo y al aire libre, sin preocupaciones, desconectada. Con algo para comer y para tomar, claro”, dijo entre risas.
En Rincón del Socorro, esa idea adquiere una forma concreta: contemplar el atardecer sobre el estero, escuchar a las aves desde la habitación y saber que, en algún punto de ese territorio, un yaguareté vuelve a caminar en libertad.
La experiencia deja una certeza difícil de olvidar: la naturaleza puede recuperarse cuando se le devuelve el espacio, cuando las comunidades participan y cuando el turismo elige convertirse en parte de la solución.
Viajar hasta Iberá permite presenciar esa transformación, y también ayuda a que continúe.
La conversación completa con Rita Cammisi está disponible en el canal de YouTube de Suri Tailored Travel, dentro de la serie Conversaciones Suri.
En Suri nos hace especial ilusión preparar una estancia en Rincón del Socorro para nuestros viajeros: cada visita permite descubrir la extraordinaria naturaleza del Iberá y, al mismo tiempo, acompañar un proyecto que está devolviendo la vida salvaje a este territorio.
Y así tal vez, uno de los safaris más emocionantes no comience con la búsqueda de un animal, sino con la posibilidad de contemplar un ecosistema que vuelve a estar completo.
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