Tres islas para una luna de miel inolvidable: Bazaruto, Seychelles y Kaibu

Hay viajes que adquieren un significado propio y trascienden el destino. Porque no se trata solo de descubrir un lugar, sino de celebrar un comienzo, compartir los primeros días de una nueva historia y guardar para siempre la memoria de ese momento.
Una luna de miel no necesita grandes planes ni una sucesión de lugares que tachar de una lista. A veces basta con despertar frente al océano, caminar descalzo por una playa, subir a una embarcación al atardecer y ver cómo el cielo cambia lentamente de color hasta llenarse de estrellas.

En el océano Índico y en el Pacífico Sur existen todavía islas capaces de provocar esa sensación. Lugares donde el paisaje es una parte esencial de la experiencia, donde la naturaleza es protagonista indiscutida y la privacidad adquiere otro significado.
Bazaruto, en Mozambique; Seychelles, en el corazón del Índico; y Kaibu, una pequeña isla privada de Fiji, comparten esa capacidad de elevar aún más una experiencia especial. Pero cada una lo hace de una manera diferente.
Te invitamos a conocer tres formas de celebrar una luna de miel que quedará para siempre entre los recuerdos más especiales.

Bazaruto: el océano como único horizonte

Hay lugares en los que el primer recuerdo es una sensación. En Bazaruto es fácil que sea el calor suave de la arena bajo los pies, el viento del Índico en la piel y ese azul que parece infinito.
Frente a la costa de Mozambique, cinco islas forman el Parque Nacional del Archipiélago de Bazaruto, un territorio protegido desde 1971 que comprende casi 1500 kilómetros cuadrados de ecosistemas terrestres y marinos. Sus aguas albergan tortugas, delfines, mantarrayas, tiburones, ballenas y una de las poblaciones viables de dugongo más importantes que quedan en el planeta.
Pero para una luna de miel, Bazaruto se disfruta caminando.

Las islas están dibujadas por dunas doradas, lagunas, vegetación tropical y kilómetros de arena blanca. El océano cambia de tonalidad durante el día: turquesa al mediodía, azul profundo cuando comienza a caer el sol, y casi plateado cuando llega la última luz.
En Bazaruto no es necesario buscar una playa desierta durante horas, porque el aislamiento forma parte de la propia geografía del destino.
Una mañana puede comenzar con un baño en sus aguas transparentes y continuar a bordo de un dhow tradicional, navegando lentamente entre las islas. A diferencia de una embarcación rápida, el dhow avanza a ritmo pausado. La vela se infla con el viento y el barco se mueve sin prisa.

Al llegar la tarde, las dunas se convierten en miradores naturales sobre el Índico, y es el lugar en el que hay que estar.
El sol desciende sobre el agua, las velas de los dhows se recortan contra el cielo y la arena adquiere tonos dorados. Una copa, una mesa preparada frente al mar y todo el tiempo del mundo para dedicarse a disfrutar.

Un océano extraordinario y la posibilidad de dormir frente a él

Bazaruto es también uno de esos destinos donde existe un verdadero espectáculo bajo la superficie. Los arrecifes y praderas marinas sostienen una biodiversidad excepcional. Para una pareja que disfruta del mar, las posibilidades son extraordinarias: esnórquel, buceo, navegación, avistajes de fauna marina y largas jornadas de playa.
Los alojamientos son otro de sus grandes tesoros. Villas junto a la playa con piscina privada y la posibilidad de amanecer con el sonido del mar.
La llegada también puede formar parte de la experiencia: desde Vilanculos se puede acceder por barco o sobrevolar el archipiélago en helicóptero.

Para una luna de miel, esa sensación de estar realmente lejos de todo es precisamente el atractivo. Es la sensación de sentir que la isla les pertenece solo a los dos.  


Seychelles: donde el paraíso tiene textura de granito

En Seychelles el paisaje no está formado únicamente por arena y mar. Hay enormes bloques de granito pulido por el tiempo, selvas que cubren las montañas, palmeras que se inclinan sobre pequeñas bahías y senderos donde el aire huele a vegetación húmeda, especias y sal.
El archipiélago está compuesto por 115 islas y las Inner Islands —entre ellas Mahé, Praslin y La Digue— permiten construir un viaje en el que cada parada tiene su propia personalidad.
Es precisamente esa diversidad la que convierte a Seychelles en una opción extraordinaria para una luna de miel. Aquí no hace falta elegir entre playa, naturaleza, gastronomía o pequeñas aventuras, porque se puede tener todo.

Mahé: el primer encuentro

Mahé suele ser la puerta de entrada y también el lugar donde aparece por primera vez esa mezcla tan particular de montaña y océano. La isla está cubierta por una vegetación exuberante que desciende desde las montañas hasta más de sesenta playas. Victoria, su pequeña capital, conserva la huella de las distintas culturas que han pasado por el archipiélago, mientras que fuera de la ciudad aparecen mercados, jardines, senderos y pequeñas playas escondidas.
Pero para una luna de miel, Mahé merece recorrerse sin apuro. Una carretera junto al litoral, una parada espontánea frente a una bahía, un baño en aguas tranquilas y un almuerzo criollo con sabores locales.

Praslin: la isla del Coco de Mer

En el interior de la isla, la Vallée de Mai conserva una de las concentraciones más importantes de palmeras de Coco de Mer, una especie emblemática de Seychelles cuyo fruto es la semilla más grande conocida del reino vegetal.
Caminar bajo esas palmeras, entre una vegetación densa y húmeda, es una experiencia completamente diferente a la que ofrece la costa.
Pero claro, el mar también es protagonista. Anse Lazio y Anse Georgette son dos de las playas más conocidas de Praslin que tienen una magia intensa al descubrirlas a primera hora, cuando la luz todavía es suave y el agua permanece en calma.
El día puede continuar navegando hacia pequeñas islas cercanas, con paradas para hacer esnórquel entre peces tropicales, tortugas y arrecifes.


La Digue: la isla más romántica

La vida en esta isla se mueve con calma.
Las bicicletas recorren caminos estrechos entre palmeras y vegetación tropical. Las casas criollas aparecen detrás de los árboles y el mar está siempre cerca.
Y está Anse Source d’Argent… Sus enormes rocas de granito, el agua poco profunda y la luz filtrándose entre las palmeras han convertido esta playa en una de las imágenes más reconocibles de Seychelles.
Caminar juntos por la arena, entrar en el agua tibia y quedarse allí sin ninguna otra obligación para el resto del día, es una gran manera de disfrutar una luna de miel.

Seychelles más allá de la postal

El gran acierto de Seychelles es no quedarse únicamente en una playa.
Una experiencia de island hopping permite descubrir pequeñas islas, arrecifes y parques marinos donde el paisaje cambia constantemente. Desde Praslin se puede navegar hacia Coco Island, Sister Islands o Félicité para practicar esnórquel, observar tortugas y almorzar frente al mar.
Y para quien busca algo todavía más remoto, las islas privadas ofrecen otra manera de entender el archipiélago: menos habitaciones, más naturaleza y una relación mucho más íntima con el entorno.
Seychelles no es solo una luna de miel de playa. Es una luna de miel de paisajes.

Kaibu: una isla solo para dos

Y si lo que desean es sentir que el lugar es exclusivo para la pareja, Kaibu Island en Fiji es la opción ideal.
Situada en el remoto entorno de las islas Lau, Kaibu propone una experiencia mucho más íntima. No se trata simplemente de alojarse frente al mar, sino que la isla entera forma parte de la experiencia.
Su propia filosofía lo resume bien: una forma de exclusividad más silenciosa, íntima e inmersiva, completamente moldeada por el entorno.
Aquí no hay que decidir qué playa visitar, porque la playa está alrededor.
Kaibu cuenta con solo tres villas de una habitación, concebidas como refugios independientes y separados entre sí.

Delana ocupa un rincón apartado de la isla y cuenta con acceso directo a la playa, piscina climatizada, jacuzzi con vistas al océano y sala privada para masajes.

Vatu mira hacia la laguna y los atardeceres del oeste, con una piscina infinita climatizada y amplias terrazas.

Saku, todavía más escondida, conduce hacia una playa de arena blanca y ofrece una piscina privada desde la que contemplar Vatuvara Island.
Es fácil imaginar el comienzo de un día aquí: la puerta se abre, el aire está tibio y el océano se extiende frente a la villa. No hay tráfico, no hay ruido ni multitudes. Solo el sonido del agua y el día entero para disfrutarlo a gusto.

Comer mirando el océano

Los ingredientes de la comida de Kaibu parten del entorno: pescado capturado con anzuelo, productos de la huerta y una búsqueda consciente de proveedores responsables.
Durante el día, Jim’s Bar & Grill propone una cocina relajada, ligada al ritmo de la isla.
Por la noche, Valhalla cambia completamente la atmósfera. Situado al aire libre y sobre un acantilado, ofrece una experiencia gastronómica de varios platos acompañada por las vistas del océano.

Y existe otra posibilidad todavía más íntima: cenar en la propia villa.
Porque en Kaibu la privacidad no se añade al viaje. Es el viaje.

Tres islas, tres maneras de celebrar el amor

Bazaruto, Seychelles y Kaibu comparten algo que cada vez resulta más difícil de encontrar: la sensación de calma y privacidad que hacen que el lugar se sienta para uno mismo. Pero cada destino tiene su propia personalidad.

Bazaruto es para quienes quieren sentir el océano en estado salvaje. Para navegar en dhow, descubrir bancos de arena, observar fauna marina y terminar el día frente a una puesta de sol africana.

Seychelles es para quienes buscan belleza en todas sus formas: playas de granito, selva, cultura criolla, gastronomía, senderos y un mar extraordinario para explorar.

Y Kaibu es para quienes imaginan una luna de miel todavía más íntima. Una villa escondida, una playa blanca, una laguna transparente y la sensación de que durante unos días la isla pertenece únicamente a esa historia de dos.

Tres paisajes capaces de convertir una luna de miel en algo más que un viaje. Porque después de la boda hace falta parar, disfrutar y descubrir que, en algún lugar remoto del Índico o del Pacífico Sur, el mundo puede quedarse exactamente donde está mientras empieza una nueva vida.


Una luna de miel diseñada alrededor de cada historia

En Suri sabemos que la luna de miel es uno de los momentos más importantes de una pareja.
Puede comenzar con un safari en África y terminar frente al océano en Bazaruto, o recorrer Mahé, Praslin y La Digue antes de disfrutar unos días en una isla privada de Seychelles. O puede alejarse todavía más, hasta Kaibu, para vivir una experiencia profundamente íntima en Fiji.

La diferencia está en cómo se construye el viaje: en los tiempos, en los alojamientos, en las experiencias elegidas y, sobre todo, en aquello que cada pareja quiere recordar cuando vuelva a casa.
Ese primer viaje de novios es el que se recuerda para toda la vida, y en Suri sabemos cómo hacer esa experiencia realmente especial.

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