El safari en África comienza desde el amanecer… Primero llega la luz, todavía tenue, sobre la sabana. Después, un sonido aislado entre los árboles; un canto breve y otro, más lejano. Y entonces empieza el juego: buscar con la mirada aquello que ya hemos escuchado. Eso es, en buena medida, el birdwatching o avistamiento de aves.
La actividad consiste en observar aves silvestres en su entorno natural, identificar especies y aprender a reconocerlas por su aspecto, sus movimientos, sus hábitos e incluso por sus cantos. No hace falta ser un experto ni viajar con un equipo sofisticado: unos buenos prismáticos, una guía y, sobre todo paciencia, son suficientes para empezar.
El avistamiento de aves es una actividad que continúa creciendo en popularidad y que puede realizarse en cualquier logar del mundo, pero que en África también significa atravesar algunos de los paisajes más extraordinarios del planeta. Se puede ser seguir con la mirada a un martín pescador mientras sobrevuela un río del Okavango, encontrar un ave diminuta entre las flores del fynbos sudafricano o permanecer inmóvil frente a un humedal ugandés esperando que aparezca una de las aves más singulares del continente: el picozapato.
Y quizá esa sea una de las razones por las que el birdwatching está conquistando a nuevos viajeros. Porque no se trata solamente de añadir especies a una lista. Se trata de aprender a mirar.
Una acacia deja de ser simplemente una acacia cuando sabemos que entre sus ramas puede esconderse un tejedor, y un lago cambia cuando descubrimos que sus orillas funcionan como refugio para cientos de aves acuáticas.
Cada ecosistema propone una experiencia distinta, y en África, esa diversidad alcanza una dimensión extraordinaria. El continente reúne unas 2.300 especies de aves y algunas familias especialmente vinculadas a sus ecosistemas, desde los turacos y pájaros ratón hasta los secretarios, hamerkops, gallos de roca y otras especies de distribución africana. Pero lo verdaderamente interesante para el viajero es que muchas de ellas conviven con una fauna de gran tamaño que convierte cualquier salida de observación en un safari en sí mismo.
Los cinco grandes destinos para hacer birdwatching en África
-Sudáfrica: donde la diversidad cabe en un solo viaje
Sudáfrica es probablemente uno de los mejores puntos de partida para quien quiere descubrir el birdwatching africano. El país ha registrado más de 850 especies de aves y reúne una extraordinaria variedad de ecosistemas: fynbos, sabana, humedales, bosques costeros y paisajes semiáridos. Su gran ventaja es que toda esa diversidad convive con una infraestructura turística especialmente desarrollada, buenas carreteras y una enorme variedad de posibilidades para combinar observación de aves y safari.
Y dentro de toda esos posibles escenarios, hay un lugar que merece una atención especial: el Cabo.
El fynbos, uno de los ecosistemas vegetales más singulares del planeta, es también territorio de especies que no encontraremos en ningún otro lugar, como el Cape Sugarbird, el Cape Rockjumper y el Orange-breasted Sunbird. Durante la primavera austral, entre agosto y noviembre, la floración transforma el paisaje y aumenta la actividad de las aves nectarívoras.
Más al norte, el Parque Nacional Kruger ofrece una experiencia completamente distinta. Allí el birdwatching sucede en medio de uno de los grandes escenarios de la fauna africana, con unas 500 especies registradas y una enorme variedad de hábitats.
En el norte del parque, especialmente alrededor de Pafuri y del río Limpopo, aparecen algunas de las especialidades más buscadas por los observadores experimentados.
-Tanzania: el gran safari también tiene alas
Tanzania suele aparecer en la imaginación de cualquier viajero por sus grandes protagonistas: leones, elefantes, jirafas, ñus y las interminables llanuras del Serengeti. Pero el país reúne una extraordinaria diversidad de aves y, durante la estación verde, sus humedales, lagos, bosques y zonas costeras se convierten en escenarios especialmente interesantes para el birdwatching. Es también un momento en el que las especies migratorias se suman a las residentes y el paisaje adquiere otro color.
Para incorporarlo a un viaje de safari, el norte ofrece una combinación especialmente atractiva. Tarangire, con sus baobabs y su río, permite observar aves en un paisaje de enorme belleza; Ngorongoro añade bosques, praderas y el espectacular escenario del cráter; y el Serengeti ofrece la posibilidad de observar aves mientras sucede uno de los grandes espectáculos del planeta: la gran migración.
-Kenia: entre lagos, flamencos y grandes cielos
En Kenia, el birdwatching encuentra uno de sus escenarios más fotogénicos en el Valle Rift.
La región de los lagos Nakuru, Bogoria y Elementaita concentra algunos de los ecosistemas de aves más importantes del país. El sistema de lagos del Rift está reconocido por su extraordinaria diversidad y por albergar especies de aves amenazadas, además de ser una zona fundamental para la alimentación de los flamencos menores y un importante territorio de reproducción para los grandes pelícanos blancos.
El Parque Nacional Lago Nakuru en particular, cuenta con aproximadamente 450 especies registradas y combina el lago con bosques, pastizales y escarpes. Allí las aves conviven con rinocerontes, jirafas, búfalos y otros grandes animales, creando una escena que resume muy bien la esencia de un safari keniano.
En Kenia sus diferentes ecosistemas -desde las sabanas del Maasai Mara hasta los bosques de las tierras altas y las zonas secas de Tsavo o Samburu- permiten construir viajes con una enorme variedad de especies. Durante las temporadas migratorias, especialmente alrededor de abril y noviembre, las posibilidades aumentan con la llegada de aves procedentes de Europa y Asia.
Y a ellas se suman los flamencos. Aunque las condiciones de los lagos cambian y las poblaciones se desplazan entre ellos, contemplar una bandada rosada extendiéndose sobre un lago del Rift sigue siendo una de esas imágenes que explican por sí solas por qué merece la pena viajar para observar aves.
-Uganda: el lugar donde el birdwatching se vuelve expedición
La Autoridad de Vida Silvestre de Uganda registra más de 1.000 especies de aves, una gran cifra para un país relativamente pequeño. Entre ellas se encuentran especies especialmente buscadas por observadores de todo el mundo y varias vinculadas a los ecosistemas del Rift Albertino.
Y hay un nombre que inevitablemente aparece cuando se habla de birdwatching en Uganda: el picozapato.
Encontrarlo no es simplemente tachar una especie de una lista, es acercarse a uno de los animales más singulares de África: inmóvil entre los juncos, con su enorme pico y esa expresión casi prehistórica que lo convierte en una de las aves más fascinantes del continente.
Se lo puede encontrar en el Parque Nacional de las Cataratas de Murchison, especialmente en la zona del delta del Albert; y también Mabamba Bay, en las orillas del lago Victoria, es uno de los enclaves más conocidos para observarlo. Este humedal alberga más de 300 especies y es un importante sitio para la conservación del picozapato.
Pero Uganda tiene otra ventaja: aquí el birdwatching puede combinarse con el trekking de gorilas en el Impenetrable de Bwindi, la habituación de chimpancés en el Parque Nacional Kibale; y en Queen Elizabeth, un paseo por el canal de Kazinga permite observar una concentración extraordinaria de aves acuáticas junto a hipopótamos, cocodrilos y elefantes.
-Botswana: observar aves desde el agua
En Botswana, el birdwatching tiene una dimensión distinta. Aquí el agua es el protagonista. El Delta del Okavango transforma el paisaje en una red de canales, lagunas, islas, praderas inundadas y bosques. En esta enorme extensión de agua y tierra se han registrado alrededor de 444 especies de aves, muchas de ellas residentes y migratorias.
La experiencia puede vivirse desde un vehículo, pero también desde el agua.
Subirse a un mokoro, la tradicional canoa utilizada para desplazarse por los canales del delta, permite avanzar casi en silencio entre papiros y juncos. Desde esa posición, las aves aparecen a una altura completamente diferente: garzas, martines pescadores, cigüeñas, abejarucos y otras especies que utilizan los humedales como refugio y zona de alimentación.
En Chobe, además, se han registrado más de 460 especies. Los cruceros por el río permiten acercarse a una enorme variedad de aves acuáticas mientras elefantes e hipopótamos se concentran en las orillas.
Y hay un momento especialmente interesante para los aficionados: la temporada verde. Con las lluvias llegan las aves migratorias y comienza una etapa de reproducción en la que aparecen plumajes, nidos y crías.
El arte de esperar
Quizá esta sea la mayor diferencia entre mirar y observar. En un safari podemos recorrer kilómetros buscando un león. En el birdwatching, a veces hay que quedarse quieto, esperar, escuchar y mirar una rama durante unos segundos más.
Los mejores momentos suelen producirse a primera hora de la mañana y durante las últimas horas de la tarde, cuando aumenta la actividad de muchas especies. Pero no existe una regla absoluta: las rapaces aprovechan las corrientes térmicas, las aves acuáticas responden a los cambios del nivel del agua y algunas especies nocturnas esperan a que desaparezca la luz para comenzar su actividad.
¿Qué llevar para empezar?
No hace falta convertirse en un experto en aves para disfrutar del birdwatching. Unos buenos prismáticos, una guía de identificación o una aplicación, ropa cómoda y discreta y, sobre todo, tiempo para observar son suficientes para empezar.
La paciencia, en realidad, es lo más importante. Porque encontrar un ave no siempre consiste en buscarla… Muchas veces hay que aprender a escucharla, reconocer un movimiento entre las hojas o esperar unos minutos más frente a un árbol.
Y esa es precisamente una de las razones por las que el birdwatching puede convertirse en una de las experiencias más interesantes para sumar a un safari. Después de seguir las huellas de un leopardo, observar una manada de elefantes o esperar el momento en que una jirafa se acerque al agua, dedicar una mañana a las aves cambia el ritmo del viaje. El paisaje se vuelve más silencioso, la mirada se detiene en otros detalles y aparecen especies que probablemente habrían pasado inadvertidas.
No hace falta elegir entre safari y birdwatching, porque pueden perfectamente formar parte del mismo viaje.
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Tu próximo safari puede tener muchos más protagonistas de los que imaginabas.
