Halong Bay: una noche a bordo entre islas y leyendas

El día comienza despacio. El silencio continúa llenando los pasillos del barco cuando la luz empieza a entrar por las ventanas del camarote. Al abrirlas, un paisaje que impresiona, pero de la mejor manera: grandes formaciones de piedra caliza aparecen suspendidas sobre el agua, algunas cubiertas de vegetación y otras recortadas contra una bruma ligera que todavía no termina de levantarse.

El barco avanza casi sin hacerse notar y afuera el aire es fresco y húmedo. En la cubierta, una taza de café acompaña los primeros minutos del día mientras las islas pasan lentamente frente a los ojos. Es una imagen casi hipnótica. Vietnam tiene esa capacidad de sorprender cuando uno deja espacio para mirar.
Durante mucho tiempo, el país estuvo lejos de los grandes circuitos internacionales. La apertura iniciada a fines de 1980 y el progresivo acercamiento al exterior durante las décadas siguientes transformaron su relación con el mundo. En los años noventa, Vietnam comenzó a recibir cada vez más viajeros y, en poco tiempo, supo incorporar las exigencias del turismo internacional sin perder aquello que hacía particular a sus ciudades, sus paisajes y su cultura.

Quizás una de las razones por las que viajar por Vietnam resulta tan interesante es porque su riqueza no está solamente en los monumentos o en los paisajes, está también en la mezcla. En las huellas de diferentes culturas que aparecen en sus ciudades, en la arquitectura, en la gastronomía y en las costumbres. Está en la posibilidad de pasar de una ciudad caótica a un pueblo junto al río, de un mercado lleno de aromas a un templo silencioso. Y está, sobre todo, en la forma en que el país recibe a quienes llegan.
Hay una hospitalidad cercana, una disposición genuina a compartir aquello que forma parte de su vida cotidiana.
Y junto a todo ello, aparece Halong.

Un paisaje entre el mar y la montaña

En el golfo de Tonkín, al norte del país, la Bahía de Halong reúne cientos de islas e islotes de piedra caliza que emergen del agua y construyen un paisaje difícil de comparar con cualquier otro. Entre unas y otras se abren canales, pequeñas ensenadas y rincones que solo se descubren al navegar.

La geología explica su origen: durante millones de años, los movimientos tectónicos, el agua y la erosión fueron transformando los depósitos de piedra caliza hasta crear este conjunto de islas, cuevas y formaciones que hoy parece casi imposible que sea el resultado de un proceso natural.

Pero la tradición vietnamita tiene, sin embargo, otra explicación.
Cuenta la leyenda que, cuando el territorio fue amenazado por invasores llegados desde el norte, los dioses enviaron una familia de dragones para defenderlo. Los dragones descendieron sobre el mar y arrojaron enormes perlas y piedras de jade. Al caer al agua, estas se transformaron en las islas que hoy protegen la bahía, formando una barrera natural frente a los enemigos. De allí viene su nombre: Hạ Long, el lugar donde desciende el dragón.

Halong Bay desde un barco

Hay una diferencia importante entre conocer la Bahía de Halong y despertarse dentro de ella. Los cruceros permiten pasar más tiempo en el paisaje, cuando la luz cambia, cuando el movimiento de las embarcaciones disminuye y la bahía adquiere otra escala. A bordo, el viaje transcurre con una calma especial.

Después de una mañana de navegación, el almuerzo puede prolongarse frente a los ventanales mientras las islas aparecen y desaparecen en el horizonte. Más tarde llega ese momento en que la cubierta se convierte en el mejor lugar del barco: una tumbona, algo fresco para beber, el aire húmedo de la bahía y la sensación de no tener ninguna obligación.
Siempre hay alguien ocupándose de los detalles. Puede ser un tentempié servido a media tarde, una mesa preparada para una cena tranquila, una copa al final del día o el cuidado constante del equipo que acompaña la navegación. En los barcos más exclusivos, las suites, los restaurantes, las terrazas y las zonas de descanso están pensadas para que el paisaje nunca quede demasiado lejos.

Incluso las comidas forman parte de la experiencia. La cocina vietnamita aparece a bordo en almuerzos y cenas abundantes, con productos locales y sabores que permiten seguir descubriendo el país mientras el barco continúa avanzando.
Y cuando cae la tarde, la bahía cambia otra vez: la luz se vuelve más suave y las formaciones de piedra adquieren tonos diferentes. Es entonces cuando uno entiende por qué pasar la noche aquí es tan distinto.

Una bahía para descubrir sin prisa

La navegación no significa permanecer siempre a bordo, porque los cruceros organizan diferentes experiencias para acercarse a la bahía desde otros ángulos. Una de las más esperadas es la visita a las cuevas, formadas en el interior de las mismas montañas de piedra caliza que se contemplan desde el mar.

Sung Sot, conocida como la Cueva de la Sorpresa, es una de las más famosas. Sus grandes cámaras permiten descubrir un paisaje subterráneo de estalactitas, estalagmitas y formaciones que el agua fue modelando lentamente.
También es posible subir a un kayak y atravesar algunos de los canales que se abren entre las formaciones de la Bahía. Desde allí, el paisaje adquiere otra dimensión. El barco desaparece detrás de una pared de piedra y durante unos minutos solo quedan el sonido del remo entrando en el agua y las paredes cubiertas de vegetación.
Y al regresar, el barco vuelve a convertirse en refugio. Una ducha larga, un rato de descanso en la suite, un tratamiento de bienestar o simplemente la posibilidad de sentarse en cubierta y dejar pasar la tarde.

También hay tiempo para participar de distintas actividades a bordo. Algunos cruceros ofrecen clases de cocina vietnamita, una manera entretenida de acercarse a los sabores del país; y otros organizan sesiones de Tai Chi al amanecer, cuando la bahía todavía está en silencio y las primeras luces aparecen detrás de las montañas.
No hace falta hacer todo… Una de las mejores cosas de Halong Bay es precisamente poder elegir.

Vietnam, entre la memoria y el presente

Halong Bay puede ser uno de los grandes momentos de un viaje por Vietnam, pero también ayuda a entender algo muy importante del país: aquí conviven una historia muy antigua y un presente dinámico. Las tradiciones permanecen, pero no impiden que Vietnam mire hacia adelante.

Las ciudades mezclan influencias asiáticas y europeas; la gastronomía recoge siglos de intercambios; los mercados continúan siendo parte de la vida cotidiana y, al mismo tiempo, los hoteles y barcos de nueva generación ofrecen una interpretación contemporánea de la hospitalidad vietnamita.
Viajar por el país permite descubrir esa combinación una y otra vez. Y Halong Bay la concentra de una manera extraordinaria: una leyenda que habla de dragones, una geología que tardó millones de años en construir el paisaje, comunidades que durante generaciones vivieron de las aguas y una nueva forma de recorrer la bahía en barcos donde el confort está pensado para convivir con la naturaleza.

Quizás por eso una noche en Halong no se siente simplemente como una noche de hotel… Se duerme sobre el agua, se cena mientras las montañas pasan lentamente frente a los ventanales, se sale a cubierta después de una comida y el aire húmedo de la bahía acompaña la conversación, y se despierta frente a un paisaje que no necesita decoración.
Durante unas horas, Vietnam parece estar exactamente donde siempre estuvo: entre el mar, la piedra, la historia y los mitos. Solo que ahora podemos navegarlo, y hacerlo sin prisa.

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Puedes conocer más sobre nuestra política de cookies haciendo click aquí.